2010/12/28

TRENES ADELANTADOS Y VIOLENCIA DOMÉSTICA

A veces nos pasamos de revoluciones y sacamos trenes adelantados. El generalizado corporativismo se disculpa con la existencia de una norma que nunca nadie te exhibió sobre la diferencia de relojes, algo así como una tolerancia/impunidad de alrededor de tres minutos para hacer y deshacer, marchar o esperar. Es una batalla perdida mientras dependa exclusivamente de la intervención humana. Ya estás acostumbrado a asumir que un uno por ciento de las quejas que procesas sea por la salida de trenes adelantados.

Normalmente escribes, pero a veces llamas para explicar o pedir disculpas y en ocasiones surgen diálogos entretenidos, por ejemplo cuando hablas con esa viajera que lo comprende, que no, ella no quiere perjudicar a nadie, pero hombre, que a ver si hacemos algo, porque ya le pasó más veces, pero bueno, tampoco fue tanto, tiene relaciones con el ferroviarios, somos humanos, ya se le pasó el enfado, sí, claro, las prisas, tantos relojes, tantas paradas, pero también quiere que se sepa, bueno, pero si lo sabe no reclama, pero como tenía tiempo hasta el siguiente tren…

Con el paso de los minutos del invariable usted, comienzas a alternar el usted y el para terminar en el campechano tuteo, y poco te falta para concertar una cita a ciegas, pero antes hay que aclarar un punto porque el wikileaks casero ni descansa ni olvida.

- Decías que tenías relaciones con el mundo ferroviario.
- Bueno, ahora estamos separados.
- ¿Puede saberse quién era?
- Estuvo de (cargo) en (estación).
- Sí, hombre, ya caigo, era un pinta…
- Sí, no me digas nada.
- ¿Y no hubo algo de violencia doméstica?
- Hubo de todo.

Pese a ello, en ningún momento notaste que dejara de sonreír, lo cual te sume en la perplejidad ante la violencia de género y no sabes de qué parte cae este caso en la estadística de los obispos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡ Qué susto con el título!!!
Ya me estaba viendo en un juzgado como inductor, por abrir una señal de salida con antelación.

Anónimo dijo...

La estadística de los obispos: Pingüinos en la selva y cebras en el polo
Venga, a trabajar
Juvenal